Sobre mí

Me llamo Manuel Román, soy instructor de yoga, meditación y mindfulness con un enfoque moderno.

 

Todos somos diferentes, todos somos hijos de nuestro padre y de nuestra madre, todos tenemos una historia que contar y todos tenemos un camino por el cual llegamos al Yoga. Si estás aquí es porque nuestros caminos se han cruzado y quizás vayamos en la misma dirección. En ese caso voy a contarte de dónde vengo, a dónde voy y cómo espero ayudarte a llegar antes a tu destino.

 

Sobre mí

Me llamo Manuel Román, soy instructor de yoga, meditación y mindfulness con un enfoque moderno.

Todos somos diferentes, todos somos hijos de nuestro padre y de nuestra madre, todos tenemos una historia que contar y todos tenemos un camino por el cual llegamos al Yoga. Si estás aquí es porque nuestros caminos se han cruzado y quizás vayamos en la misma dirección. En ese caso voy a contarte de dónde vengo, a dónde voy y cómo espero ayudarte a llegar antes a tu destino.

Hay veces que la vida te pone por delante las respuestas que estás buscando. En mi caso puede decirse que el yoga llamaba a la puerta cuando aún no medía más de un metro. Recuerdo que cuando era pequeño paseaba por las calles de mi ciudad de la mano de mi madre y pasábamos por un centro de yoga, el único que hace más de 30 años había en mi ciudad, yo sonreía cada vez que miraba por su puerta con la sensación y la certeza que algún día yo sería un yogui como los de ese centro.

   Lo que aún no sabía era que a mitad de mi vida, lo haría para buscar una respuesta al gran conflicto del ser humano: encontrarle un sentido a la vida.

   Desde que tengo memoria me he expresado a través del cuerpo y con ello he desarrollado mi conciencia corporal. Gracias al atletismo tuve mi primer contacto con mi conciencia corporal y la respiración. Cada vez que terminaba un entrenamiento me pasaba horas estirando, percibiendo el olor del césped, de los árboles del estadio y del parque donde entrenaba; sin pensar en nada, con la mente en blanco. Con el tiempo las lesiones hicieron que no pudiera seguir y lo cambié por la bicicleta, con ella seguía encontrando ese espacio de calma y paz interior a través de la respiración y el ejercicio corporal consciente.

Estudié para llegar a ser técnico electrónico. Pasé más de veinte años trabajando en factorías industriales donde hice mi camino desde abajo hasta convertirme en directivo de una gran fábrica. Mi profesión siempre me ha gustado y he disfrutado de ella, pero como todo en la vida las circunstancias cambian y con el tiempo cada vez me sentía más perdido y “fuera de lugar” en mi trabajo diario. Presiones, estrés y el no encontrar sentido cada día al levantarme provocaron tal cuadro de ansiedad y estrés generalizado en mi cuerpo que mi vida se desmoronó hasta tocar fondo.

   Un trabajo perdido me obligó a buscar el camino para encontrar mi ser interior con mayor atención y perseverancia para descubrir mi propósito aquí en la tierra. Sabía que tenía que vencer y sanar todas esas malas experiencias (miedos y conflictos internos) para poder progresar con nuevas habilidades; en otras palabras, ser la mejor versión de mi mismo, hacer las paces con el pasado y crecer a partir de ese momento.

   Volví a reencontrarme con aquel niño lleno de ilusión que una vez fui, comencé a practicar Yoga, entré de una manera fulminante, sin dudar y de cabeza. Cambió tanto mi vida que en un año hice mi primera formación como instructor, no paré de ir a eventos, retiros y viajes, de practicar con muchos maestros y escuelas hasta el día en que tomé la decisión de viajar a la India, cuna del yoga. Allí practiqué y me formé en varios estilos de yoga diferentes, tradicionales y contemporáneos. Realicé bastante auto-sanación a través de variadas experiencias, viajes y auto-conocimiento; empecé a creer y crecer en mis propias habilidades, en mi fortaleza y auto-consciencia.

   En un momento dado, me dí cuenta de que tenía que utilizar toda esta experiencia en inspirar y ayudar a otras personas a hacerse cargo de su vida, a ser de igual modo más fuertes y conscientes de su poder interno, de tener un propósito en la vida, y saber que el único protagonista de vida es uno mismo, y que esa es la mejor manera de ayudar a los demás. En definitiva, animar con mi ejemplo a otras personas a que no dejen que ni el pasado ni el futuro controlen su propio instante presente.

Estoy en paz, agradecido y atento en mi vida.

Me llamo Manuel Román, y soy un buscador.

Hay veces que la vida te pone por delante las respuestas que estás buscando. En mi caso puede decirse que el yoga llamaba a la puerta cuando aún no medía más de un metro. Recuerdo que cuando era pequeño paseaba por las calles de mi ciudad de la mano de mi madre y pasábamos por un centro de yoga, el único que hace más de 30 años había en mi ciudad, yo sonreía cada vez que miraba por su puerta con la sensación y la certeza que algún día yo sería un yogui como los de ese centro.

   Lo que aún no sabía era que a mitad de mi vida, lo haría para buscar una respuesta al gran conflicto del ser humano: encontrarle un sentido a la vida.

   Desde que tengo memoria me he expresado a través del cuerpo y con ello he desarrollado mi conciencia corporal. Gracias al atletismo tuve mi primer contacto con mi conciencia corporal y la respiración. Cada vez que terminaba un entrenamiento me pasaba horas estirando, percibiendo el olor del césped, de los árboles del estadio y del parque donde entrenaba; sin pensar en nada, con la mente en blanco. Con el tiempo las lesiones hicieron que no pudiera seguir y lo cambié por la bicicleta, con ella seguía encontrando ese espacio de calma y paz interior a través de la respiración y el ejercicio corporal consciente.

Estudié para llegar a ser técnico electrónico. Pasé más de veinte años trabajando en factorías industriales donde hice mi camino desde abajo hasta convertirme en directivo de una gran fábrica. Mi profesión siempre me ha gustado y he disfrutado de ella, pero como todo en la vida las circunstancias cambian y con el tiempo cada vez me sentía más perdido y “fuera de lugar” en mi trabajo diario. Presiones, estrés y el no encontrar sentido cada día al levantarme provocaron tal cuadro de ansiedad y estrés generalizado en mi cuerpo que mi vida se desmoronó hasta tocar fondo.

   Un trabajo perdido me obligó a buscar el camino para encontrar mi ser interior con mayor atención y perseverancia para descubrir mi propósito aquí en la tierra. Sabía que tenía que vencer y sanar todas esas malas experiencias (miedos y conflictos internos) para poder progresar con nuevas habilidades; en otras palabras, ser la mejor versión de mi mismo, hacer las paces con el pasado y crecer a partir de ese momento.

   Volví a reencontrarme con aquel niño lleno de ilusión que una vez fui, comencé a practicar Yoga, entré de una manera fulminante, sin dudar y de cabeza. Cambió tanto mi vida que en un año hice mi primera formación como instructor, no paré de ir a eventos, retiros y viajes, de practicar con muchos maestros y escuelas hasta el día en que tomé la decisión de viajar a la India, cuna del yoga. Allí practiqué y me formé en varios estilos de yoga diferentes, tradicionales y contemporáneos. Realicé bastante auto-sanación a través de variadas experiencias, viajes y auto-conocimiento; empecé a creer y crecer en mis propias habilidades, en mi fortaleza y auto-consciencia.

   En un momento dado, me dí cuenta de que tenía que utilizar toda esta experiencia en inspirar y ayudar a otras personas a hacerse cargo de su vida, a ser de igual modo más fuertes y conscientes de su poder interno, de tener un propósito en la vida, y saber que el único protagonista de vida es uno mismo, y que esa es la mejor manera de ayudar a los demás. En definitiva, animar con mi ejemplo a otras personas a que no dejen que ni el pasado ni el futuro controlen su propio instante presente.

Estoy en paz, agradecido y atento en mi vida.

Me llamo Manuel Román, y soy un buscador.