Reflexiones de un yogui viajero

Ene 20, 2019

En mi último viaje a India, compartí asiento en el vuelo de regreso Delhi-Madrid con una chica española de 22 años que venía de estar 2 años en un templo en Nepal estudiando y aprendiendo todo lo necesario con monjes nepalíes. Me impresionó un poco que viniera sin teléfono y el único contacto que tenía en Madrid para dormir esa noche, fue un matrimonio que, viajando por Nepal, coincidieron con ella en el templo y le comentaron que si alguna vez pasaba por Madrid les avisara. Así que esta chica, hizo una llamada a Madrid, les comentó que tal día llegaba y que si podía dormir en su casa. Y me encantó que hoy día en un mundo donde el WhatApp es el protagonista, dio vía libre a la antigua usanza y confiar en que esas personas estarían a su hora esperándola en la puerta de embarque en Madrid, cosa que así fue con tal puntualidad y formalidad.

Dicho el final de mi convivencia con esta chica, nuestras 9 horas de viajes parecieron 5 minutos. Es una delicia poder compartir tanto y tan profundo con una chica tan jovencita. El juez de menores de Granada D. Emilio Calatayud estaría encantado de conocer una persona de tal calibre.

Hablamos de la vida, de la forma de pensar a lo largo de la historia del ser humano, de donde venimos y dónde vamos, lo diferentes que son las culturas en el mundo y a la vez compartimos que todos somos seres iguales, únicos e irrepetibles. Ella me regaló una cajita de incienso tibetano bendecido por sus amigos monges y ya que ella tenía algo de hambre y yo me sentía agradecido, le regalé unas bolas de chocolate de Rishikesh rellenas de mazapán indio que traía para mi familia, pero disfrutamos tanto que ella fue quién las deleitó.

Y en un descanso mientras ella daba una cabeza debido al sueño, estuve pensando en todas las cosas que había vivido durante un mes intenso en el Norte de India concretamente en Rishikesh, ciudad cuna del Yoga en el mundo y donde he tenido la fortuna de impregnarme de conocimiento, sabiduría, riqueza, cultura, donde he conocido y conozco personas maravillosas y donde el Yoga se vive a cada paso, a cada respiro y sobre todo, a cada Chai riquísimo. Así que en un papel pequeño escribí esto:

 

 

Siempre que vuelves de un viaje, nunca serás la misma persona que te fuiste.

Te llenas de energía sabiendo que eres los ojos de esas personas a las que muestras paisajes maravillosos los cuales ell@s nunca pensaban que serían así, cambiando al instante la perspectiva de la expectativa y de lo imaginado.

Cambias tu y haces cambiar a tu entorno, porque haces que vean el viajar de una forma diferente, cercana, atractiva, exótica y a la vez intrigante.

Cambias tu y cambian ell@s, porque desactivamos el modo ahorro energético de nuestro cerebro motivandolo a salir de nuestra zona de confort, a conocer lugares, culturas y personas diferentes y a la vez maravillosas. Haces que cambien sus pensamientos sobre personas que no piensan igual que ellos por motivos culturales, de raza o religion. Porque en definitiva somos personas iguales indiferentemente de nuestro color de piel, idioma, gastronomía o lo lejos que estemos los unos de los otros. Y a su vez, al viajar hacemos que las distancias no sean lo lejos como nos imaginamos creando un acercamiento sorprendente.

Me encanta cambiar y hacer cambiar a las personas, porque de esa manera solo cabe lugar a la evolución personal, abrir y expandir nuestra mente hacia el exterior a través de nuestro interior.

Al viajar se incrementa tu creatividad y tu imaginación, tu potencial se eleva al mil por mil siendo consciente de que eres la mejor versión de ti mismo.

LAO TSE decía que la felicidad no es llegar a un sitio, sino hacer el camino, el camino de la felicidad.

Y mi reflexión es que seas el protagonista de TU propia película y que tanto la felicidad como el éxito, sean la consecuencia automática de vivir la vida de determinada manera, de relacionarnos con nosotros mismos de cierta forma, y de tener una determinada CONCIENCIA.

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